Malvinas: el último jalón de la Junta Militar


El discurso del 16 de junio de 1982, emitido en cadena nacional, del por entonces presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, anunciaba el final de la guerra de Malvinas. Galtieri declaraba la rendición del ejercito argentino e inició el fin de la última dictadura militar. Pocos días después dejará la presidencia, asumida por Bignone, quien inicia el proceso a la transición democrática.

Las palabras de aquel discurso daban cuenta de los diferentes factores que la junta militar había tenido que sortear pero que hasta ese momento habían sido ocultado por el relato oficial. El reconocimiento de la superioridad bélica del ejercito británico, el escaso apoyo de las potencias internacionales, en especial del gobierno de Estados Unidos, la situación interna del país, en la que el régimen contaba con poca aprobación, fueron algunos de las variantes que se tuvieron que sortear.

La transmisión se realiza por cadena nacional desde el Salón Sur de la Casa Rosada. Al comenzar se lo puede observar a Galtieri, con su uniforme militar sentado en un escritorio, que no tiene nada encima. En un plano amplio se lo presenta. En cuando comienza a hablar la cámara hace un acercamiento lento, casi imperceptible, que lo muestra sólo la parte superior del escritorio, el micrófono, la bandera a la izquierda de la imagen y al presidente de facto en el centro.

En los 13 minutos y 16 segundos que dura el mensaje, Galtieri expondrá un llamado a la unidad nacional, resignificando la derrota y aludiendo a valores como la dignidad, la justicia y la paz, presentes en el pueblo argentino. Utiliza un “nosotros” inclusivo que hace referencia a todos los argentinos. Al mismo tiempo habla de ellos, los otros, refiriéndose a los soldados en algunas ocasiones, y en otra a los ingleses. Pero, relaciona a los primeros con el posesivo “nuestros”, por ejemplo al decir “nuestros soldados” ó “nuestros caídos”. Sin embargo, en varias ocasiones si bien se sigue hablando de los combatientes ya no los menciona, lo que podría ser considerado un signo de lo que vendrá.

Con el respaldo de la mayoría

“Si quieren venir, que venga. Les presentaremos batalla” fueron las palabras que no alcazaba a terminar de decir Galtieri cuando la gente se une en una gran ovación frente al balcón de la Casa Rosada, el 10 de abril de 1982. Miles de argentinos vitorearon al funcionario y festejaban la idea de recuperar las Islas Malvinas.

La decisión es tomada por la casa de gobierno a pesar de la advertencia del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, sobre el daño que sufrirían las relaciones entre los gobiernos. Sin embargo, Galtieri decide continuar con la guerra, luego de años de negociación diplomática1.

El Proceso de Reorganización Nacional había comenzado el 24 de marzo de 1976 y con el paso de los años iba perdiendo apoyo popular, sumado a manifestaciones de organismos de Derechos Humanos y a un contexto económico poco favorable.

Es claro que para el gobierno de facto en la guerra se jugaba algo más que las islas. Se debatía la continuidad del régimen. Para llevarlo a cabo, en un primer momento el apoyo de los medios gráficos a la contribución del relato oficial2 fue muy importante; y se censuró toda información que lo contradijera3.

Por otro lado, se convocó al apoyo popular a través de grandes reuniones en la Plaza de Mayo, que realzaban la decisión bélica, y más tarde a través de las colectas, en lo que se denominó el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas en el programa “24 hs. De Malvinas”, en las que participaron diferentes figuras de la cultura, el deporte y la sociedad.

Sin embargo, nada de esto fue suficiente. El 14 de junio se ofrece la rendición incondicional de la Argentina. Dos días después Galtieri brinda un comunicado anunciándolo a la sociedad y un par de días después deja de ser presidente.

La construcción de un relato integrador

“El combate de Puerto Argentino ha finalizado” comienza diciendo el teniente general Galtieri. Luego reconoce la labor de los soldados y a los caídos, asegurando que “están vivos para siempre en el corazón y la historia grande de los argentinos”. “Nombres que serán esculpidos por nosotros” dice, y que luego reforzará con la imagen de héroes a los que se les debe la unidad.

Utiliza la imagen de los héroes que murieron por su patria y el reconocimiento a su memoria como un valor que son capaces de apreciar, primero los países que se solidarizaron con la Argentina, y luego “capaces de olvidar sus intereses ante el coraje y el sacrificio”. Continúa mencionando que los soldados “pelearon contra la incomprensión, menosprecio y la soberbia” en vez decir que se enfrentaron al ejercito británico. Se habla de incomprensión y soberbia con el dato de que diferentes actores, como el gobierno de Estados Unidos y el Papa Juan Pablo II, intervinieron para que se llegara a una solución pacifica del conflicto, y fue el ejercito argentino, personificado en la figura de Galtieri, el que no quiso hacerlo.

La alusión a la “patria”, la “justicia”, “lo nacional” y la “soberanía” presentes en las palabras del presidente de facto instan a la unidad nacional. En un párrafo muy poético Galtieri dice que la Nación “ha luchado” con integridad, tanto material y espiritual, “convencida de que las afrentas infinitamente toleradas, quiebran el alma de los pueblos y de los hombres”. Lo que hace aquí es alejar la responsabilidad, utilizando la voz pasiva para decir que fue la “Nación” quien luchó -dejando de lado a los jóvenes soldados que fueron enviados-. Hace la aclaración de que lucharon con integridad y define los motivos que impulsaron la batalla, como las “afrentas” que históricamente el pueblo argentino soportó de los británicos.

Antes de comenzar a decir esto, la cámara vuelve a hacer un acercamiento, dejándolo en el cuadro solamente a él. En todo el segmento no se los menciona, pero se continúa haciendo referencia a ellos. “Tendrán que escuchar a sus conciencias” declara, para después hacerlos entender que las razones -definidas como “las verdades de nuestra causa”- por las que el ejercito argentino combatió se debieron a una reparación histórica, que lo hace dejar su pasividad “hasta el heroísmo”.

En una siguiente referencia, Galtieri menciona a “los pueblos solidarios de América Latina”, quienes también los guardarán en su memoria. Esta primera mención de los demás estados de América del Sur hace alusión al apoyo que los militares argentinos lograban de casi la totalidad de los países de Latinoamérica. Nicaragua ofreció tropas; Venezuela, petróleo y Perú, aviones de reemplazo. Solamente el gobierno militar de Augusto Pinochet, en Chile, se ofrece como ayuda a los británicos, concediendo suministros y bases para unidades de comando4.

Afirma que los combatientes pelearon con más coraje que armamento. Una frase desafortunada que intenta realzar el coraje, pero que queda a mitad de camino teniendo en cuenta que, como se comprobó después el armamento estaba en mal estado. Lo que baja el estándar de la comparación.

En otra referencia a la labor realizada por los combatientes, asegura que “combatieron para erradicar el último vestigio de coloniaje”. Un argumento que se ha vuelto a escuchar en los últimos tiempos cuando se retomaron los reclamos por las islas. Reconoce en el desempeño de los soldados la esencia nacional y latioamericana, y los compara con quienes dieron batalla para la conformación de la “patria”.

Al mismo tiempo, reconoce el apoyo del gobierno estadounidense -con la tecnología militar- a los británicos y lo califica de “sorprendente”. Por otro lado antepone esa enemistad estadounidense primero a la argentina, y luego, su pueblo. Antes, afirma que era superior de manera “abrumadora” la potencia bélica que representada Inglaterra. Planteamiento que al parece no se había tenido en cuenta en un primer momento.

Luego, al referirse a Puerto Argentino -renombrado por los ingleses como Stanley- repite el nombre dos veces. En la primera hace una pausa, mira a cámara y lo vuelve a mencionar. Este el único momento en el que Galtieri mira a cámara durante un tiempo prolongado. Seguidamente, menciona la fecha desde la que se encuentran ubicados los ingleses en las islas y advierte que “la empresa nacional” no descansarán hasta recuperarlas.

Continúa con su discurso y afirma que Gran Bretaña debe resolver su actitud ante el conflicto, dándole dos opciones. La primera consiste en seguir negociando con Argentina, admitiendo que la situación en Malvinas nunca volverá a ser igual después de la batalla; y la segunda, “proceder a la restauración del régimen colonial”, haciéndolos responsables de alterar la paz y la seguridad en la región.

A continuación, Galtieri apela a la unidad nacional conseguida, en lo que denomina una causa justa, que fue acompañada por “medio mundo” y por la visita del Papa, no sea perturbada por una minoría. Retoma al figura de los soldados que lucharon y los reconoce como aquellos que iniciaron un cambio en la nación, que “nadie podrá eludirlo”.

Un cambio ineludible

La derrota, pese al esfuerzo por negarla desde el comienzo5, fue un punto de inflexión para la Junta Militar6. Así lo demuestran los últimos párrafo del comunicado cuando Galtieri dice que habrá cambios respecto a la política interna y externa, en cuanto a que será revisada teniendo en cuenta a los actores del quehacer nacional. “Rescataremos la república, reconstruiremos sus instituciones, restableceremos la democracia sobre bases inconmovibles de equidad y de respeto; y encenderemos como antorchas los valores más altos de nuestra argentinidad. Hay honor y habrá justicia”.

A partir de entonces comienza a delinear la conducta que llevará a la construcción de este objeto. Con el peso de tener que cumplirles a los caídos se apela a erradicar el engaño, el ocio y el aprovechamiento de situaciones. Al mismo tiempo, lanza una serie de exclamaciones advirtiendo a un grupo de “no argentinos” a que no se interponga en nuestro camino, que no juegue con las heridas y nuestras emociones ni que se confunda “creyendo que somos débiles de alma”.

Menciona el conocimiento del resto del mundo sobre la pasividad del país y su voluntad de hacer la paz. En este sentido, afirma que la mayoría de los estados reconocen el sentido de pertenencia de las Malvinas. Reafirma esta idea. Y anclara que tarde o temprano las conseguiremos. Llama a contener el dolor y levantar la cabeza.

Habla de la guerra como una parte de un proceso de construcción de la identidad y que nos llevará a la madurez. Al su vez, dice que el que no lo reconozca así será acusado de traidor. Invoca a la Virgen del Luján y al Papa por “la vida y triunfo de sus fieles”. Por último, afirma que la dignidad y el porvenir es nuestro y que ellos nos darán paz y victoria.

Quizás estos segmentos sean los más claros para interpretar lo que acontecerá a partir de entonces. La Junta Militar cambiará representante un par de días después y de manera inmediata se comenzará a hablar de una transición democrática, que pretenderá dejar en el pasado lo acontecido.

Con la guerra se intentó resolver un conflicto histórico de nuestro país, interpretando mal las señales, y encegueciéndose por el fervor popular. Fue la medida de un gobierno asfixiado que buscó persistir aún sabiendo perderíamos, y aún así, continuó.


Juan Manuel Oyarzún
jmoyarzun@outlook.com

1“Ronald Reagan y la Guerra de Malvinas”, El Historiador. Disponible en http://bit.ly/11ZG7X8
2Revista Gente, mayo y abril de 1982. “Malvinas. Estamos ganando”, “Vimos rendirse a los ingleses”, “¡Seguimos ganando!”.
3La Nación, versión digital. “El crudo relato de un periodista que cubrió la guerra y debió escapar de los ingleses”, disponible en http://bit.ly/11uyid6.
4Ídem.
5Archivo histórico: “60 minutos”: Galtieri en Malvinas (22/04/1982), TV Pública. Disponible en http://bit.ly/19xtCuM
6“Democracia. Crónica de la transición” (documental). The History Channel, 2009. Disponible en http://bit.ly/11ahjQH

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