La hornalla


Mi mamá me dijo que no tocara la hornalla cuando me quedaba sola, pero no le hice caso. Entonces pasó. Me quemé. Grité tan fuerte que me escuchó mi hermana, que estaba en su habitación. Me preguntó que había pasado. Volvió a repetirlo un par de veces. Yo no sabía qué decir, me sentía avergonzada por no haber hecho caso, pero tuve que hacer algo, porque me dolía. Le extendí la mano y me dijo de una forma poco sutil que era muy tinta por haberlo hecho.
Le dije que no había podido evitarlo, que la luz azul brillante del gas y el color rojizo del metal me hipnotizaban. A lo cual respondió que estaba loca. Le pedí que no le contará a mamá y me respondió que ella se daría cuenta, que cómo pensaba explicar la quemadura. A lo que le contesté que algo se me ocurriría.

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