Caleta Córdova: la redefinición de la identidad social y laboral de los pescadores luego de los derrames de petróleo


Comodoro Rivadavia tuvo uno de los peores accidentes medioambientales relacionada con la actividad petrolera el 26 de diciembre de 2007, a 18 Km. del centro de la ciudad. Una mancha de unos 300 metros cúbicos afectó gran parte de la costa de Caleta Córdova, e impactó sobre pobladores, flora y fauna de la zona. El antecedente tomó relevancia nacional y fueron procesadas 6 personas. Además la empresa responsable se enfrenta a una querella. No obstante, lo que el incidente trastocó fue la identidad social y laboral de un barrio fuertemente relacionado con su entorno costero.

El barrio de Caleta Córdova está alejado del centro urbano. Su población se dedica principalmente a la pesca artesanal, y a actividades ligadas a la costa, prácticamente desde su fundación en 1920. Por ese entonces fue creada como centro de desembarco de materiales de la Empresa Petrolera Astra, y desde el año 1994 opera Terminales Marítimas Patagónicas (Termap), un sistema de recepción del petróleo que se produce en la zona.

En 2007 y 2008, dos derrames afectaron la zona provocando un impacto ambiental y social que todavía no se repara. La consecuencia inmediata del derrame fue la amenaza de la perdida de vida silvestre. Organizaciones ecologistas, entre ellas Greenpeace, con un gran número de voluntarios se reunieron para contribuir con las tareas de limpieza de los animales y de la playa. Sin embargo, un factor que no se previó, y que emergió con fuerza en 2008, fue la situación social de los vecinos. Los habitantes del lugar, muchos de ellos que vivían de la pesca artesanal, vieron directamente afectado el recurso, y de manera indirecta, su identidad social y laboral.

Desde el campo de la Antropología se han ocupado de estudiar el tema de la identidad social, y de definirlo. Si bien conceptualizarlo resulta complejo y pocas veces se llega a un acuerdo, las identidades son consideradas construcciones simbólicas que involucran representaciones y clasificaciones referidas a las relaciones sociales y las prácticas, en las que se juega la pertenencia y la posición relativa de personas y de grupos en su mundo. De este modo no se trata de propiedades esenciales e inmutables, sino de trazos clasificatorios auto y alteratribuidos, manipulados en función de conflictos e intereses en pugna, que marcan las fronteras de los grupos, así como la naturaleza y los límites de lo real.

El “accidente”[1]

El día posterior a la Navidad de 2007 se registró un derrame de hidrocarburos en la costa de Caleta Córdova. El líquido provenía del buque petrolero “Presidente Arturo Illia”, construido por la empresa Antares Naviares S.A. y, según dejó constancia la investigación realizada por el Juzgado Federal, debía haber dejado de funcionar en 2009.

El carguero comenzó a perder su contenido cuando se autoabastecía en la monoboya de Termap, ubicada a un par de kilómetros de la costa. El capitán informó sobre el desperfecto a la empresa dueña del barco, pero no lo notificó a las autoridades, lo que hubiera ayudado a prevenir consecuencias mayores. Los vecinos y el personal de Termap se enteraron del accidente cuando el crudo comenzó a desparramarse por el terreno. Cerca de unos 4 Km. de playa fueron contaminados, afectándose también el ecosistema marítimo y además de aves como macas, patos, cormoranes y pingüinos de Magallanes.

A casi un año de aquel primer derrame, aconteció el segundo, el 2 de diciembre de 2008. Esta vez, el capitán del buque “Genmar Spyridon” informó inmediatamente a Termap de la fuga de crudo. Sin embargo, la mancha afectó a la costa de Barracas Blancas, una zona despoblada a 7 kilómetros del barrio. En una investigación posterior se estableció que el remolcador que ayuda al buque petrolero a ubicarse contra la monoboya para cargar hidrocarburos aflojó el amarre y cuando lo advirtieron, quisieron retornarlo a la posición inicial, lo que provocó que se desenganchara la manguera flotante.

La naturaleza del reclamo

Ambos derrames conmocionaron al barrio. Antes de que se produjera el segundo, una serie de manifestaciones de algunos pescadores había logrado iniciar un plan productivo de cultivo de mejillones para pescadores locales, que se vio interrumpido puesto que el nuevo desastre ecológico los afectó directamente. Lucas menciona una de las características que recuerdan, luego del accidente “Cuando se derramó el petróleo lo primero a lo que apuntaron fue a la fauna, a la flora del lugar, pero no en sí a la problemática social”[2].

Tras el primer incidente la Municipalidad de Comodoro Rivadavia les ofreció un lugar a unos 30 Km. de Caleta Córdova para recolectar mariscos y pescar. Dispuso una tráfic en la que viajaban 15 personas hasta el lugar, pescaban y luego los devolvería a Caleta Córdoba. Una de las dificultades era que el traslado demandaba mucho tiempo, y la pesca ó la recolección, sólo se podían realizar en determinados momentos del día, distintos para cada uno de ellos dependiendo de las mareas. Sin embargo, los vecinos continuaron pescando de esta manera durante 6 meses.

Desde las distintas esferas de gobierno (Nacional, Provincial y Municipal) les ofrecieron pequeñas soluciones. Sin embargo, la única que persistió fue la de gobierno municipal. Sin embargo, pasó un tiempo en el que se encontrara una alternativa que conformara a los pescadores. En una oportunidad la funcionaria encargada de la Secretaria de Desarrollo Humano y Familia de la Municipalidad, se acercó a ofrecer ayuda, y les dijo que podían retirar kits escolares y zapatillas, poca antes del inicio de clases, Algunos de los pescadores se sintieron ofendidos, porque no quería ese tipo de beneficios. “Lo que nosotros queríamos era trabajo” asegura Lucas Salas, presidente de la Cooperativa.

La identidad es una construcción simbólica, una forma de clasificación que crea una pertenencia, y está asociada a rasgos culturales y procesos. La identificación de los vecinos del barrio con la geografía y la identidad del vecindario se vio puesta en contradicción con los derrames que lo afectaron. Ellos le reclamaban al estado por no haber cuidado el recurso, y a las empresas la negligencia, en pos de obtener ganancias que no quedarían en la zona. Se sintieron perjudicados directamente.

La activación de lealtades (sentido de pertenencia) de la identidad étnica se realza en situaciones de conflicto, y a su vez, está condicionada por estas. En este sentido, podríamos decir que la identidad social de los residentes de Caleta se puso en un estado de aleta cuando se vieron amenazados parte de los elementos que la componían. Y luego, se organizaron como un colectivo para establecer medidas de protesta. Como relata Lucas Salas, hasta ese momento, los vecinos eran poco solidarios entre sí, pero cuando comenzaron las manifestaciones lograron realizar acciones en conjunto. Algo parecido sucedió cuando se organizaron para trabajar en la cooperativa.

La unificación de los habitantes del barrio costero en circunstancias de conflicto reconoce su común pertenencia. Este fenómeno se ve porque en la ciudad existen ciudadanos con diversas identidades en su interior, muchas veces asociadas al sentido de partencia de los barrios.

Cooperativismo: una solución para los pecadores

“La organización surgió por una catástrofe que ocurrió acá, que fue el derrame de petróleo” recuerda Lucas. La Cooperativa de Maricultures “Frutos del Mar” fue fundada por 20 socios, que comenzaron a reunirse desde 2008, y se conforman como cooperativa al año siguiente. Está conformada por miembros de antiguas familias del barrio, de tradición pesquera artesanal de segunda y tercera generación, que se reunieron luego de que el derrame de petróleo dejara inutilizable su fuente de trabajo. “Salimos a pedir respuesta y se juntó un barrio completo” afirma el presidente de la organización.

La primera actividad que organizaron como un grupo fue una feria de empanadas en el barrio, para Semana Santa. Luego, con ayuda del programa Comodoro Para Todos de la Municipalidad, empezaron a ofrecer comidas de elaboración propia, con productos de la zona y de recolección artesanal. Actualmente realiza distintos servicios, todos ellos relacionados con la producción de alimento. Durante ese periodo accedieron a la capacitación que se le ofrecía sobre producción, manipulación y cocina, como también de maricultura.

Desde hace un par de años lograron consolidarse como una unidad productiva y mantener a sus socios activos, motivo por el que se habían reunido en un primer momento. Comenzaron a ser reconocidos como grupo, en la localidad, así como en otras ciudades.

Entre sus dos principales proyectos se encuentran vender productos procesados para darle un valor agregado y establecer una feria fija en la costa de Caleta Córdova, para transformar al barrio en un atractivo turístico de la ciudad. Ven al mar como recurso productivo del futuro en la zona. Además de un recurso renovable, como alternativa al petróleo.

“Yo soy pescador artesanal, y lo fue mi viejo, viene de herencia y así somos un montón pero todos trabajamos por nuestra cuenta. Nosotros íbamos, pescábamos y yo iba y lo entregaba en la pesquera. Ni siquiera sabía quien lo pescaba”. “Lo mismo pasa con el tema de la comida. Hay una compañera que ha tenido antes restaurante, que tiene clientes y cocina en su casa. Otra que venden empanadas o pescado, que lo manipulaban en la casa y lo vendían” agrega Noelia Ríos, otra de las integrantes de la cooperativa.

Un rasgo destacado de la solución al problema fue que a partir de la contingencia los pescadores se reunieron para comercializar sus productos. Cuestión que antes no sucedía. Los maricultores lograron conformar una nueva identidad a partir de redefinir la anterior. Son conscientes de que ellos siguen siendo los mismos de antes y que aunque el paisaje haya cambiado (o su forma de recolectar el recurso) continúan haciendo lo que saben hacer.

Las consecuencias de los derrames

Los pescadores conforman el grupo de los 31 querellantes de la causa por el derrame contra Antare, Termap, INATE y el barco. Esta medida fue aceptada en una segunda instancia luego que se considerara que sí fueron afectados de forma directa por el impacto ambiental producto de la negligencia.

El reclamo fue justificado por la compleja relación de los vecinos y su fuente de trabajo que se conjugan en el barrio. Se contaminó un recurso, que utilizaban para su subsistencia, y ese medio se veía imposibilitado de ser aprovechado por un largo periodo. Se estima que la recuperación de la costa puede tardar cuatro años por lo menos después del segundo derrame que afectó a los cultivos de mejillones.

El impacto social que produjeron estos dos acontecimientos en Caleta Córdova fue grave, y los mismos afectados reconocen que sintieron no haber sido tenidos en cuentas en los planes de recuperación, que sí incluían a la flora y fauna de la zona.

El accidente también afectó la imagen del barrio porque el pescado de Caleta era visto como uno de los más frescos de la ciudad. La identidad del vecindario estaba asociada a la pesca, la frescura y lo natural. En la zona muchos barcos descargaban el pescado antes del derrame. Luego, dejaron de hacerlo, y de a poco el “prestigio” del vecindario respecto a la producción se fue perdiendo. Los miembros de la cooperativa aseguran que cuando intentaban comercializar el pescado que obtenían lejos de Caleta, sentían que la gente desconfiaba de donde los habían obtenidos y de la salubridad del producto.

Los maricultores se reconocen como pescadores artesanales es decir como trabajadores del mar, pero por oposición a los que trabajan en una fábrica o en algún barco. También destacan la tradición, técnica compartida y una serie de representaciones en la sociedad comodorense respecto al oficio.

También es interesante como utilizan el mote de “maricultores” para identificar al conjunto de los miembros de la cooperativa. Si bien en un primer momento el nombre fue elegido porque la actividad que desarrollaría sería la maricultura, una vez ocurrido el segundo derrame, esto quedó trunco. Sin embargo no quisieron perder la identificación y continuaron usándolo pese a que en estos momentos “cocinan” productos recolectados por otros pescadores. La clasificación igualmente se encuentra presente en el nombre.

La identidad es producto de un proceso clasificatorio y sirve de marco de opciones individuales. La construcción de la identidad surge de la interacción cotidiana que genera la internalización de los sistemas de actitudes y comportamientos que junto con la socialización primaria genera un proceso de elaboración de identidades. La identidad de los distintos grupos sociales de la zona norte de la ciudad se desarrolló con una fuerte relación a las empresas que dieron origen a los barrios. Y se fue afianzando a través de distintos valores simbólicos como clubes deportivos, tradiciones, monumentos, etc., que la consolidaron.

En parte esta opción, o juego de identificaciones, ha sido posible por el rechazo de los vecinos a la actividad productiva relacionada con el petróleo. El presidente de cooperativa reconoce que en el barrio no trabaja de eso y lo describe como una actividad que contamina de la cual los que participan se llevan todo, reivindicaciones que estaban presentes en el conjunto del grupo. A nivel de las representaciones: las categorías clasificatorias que surgen de las ideas que los grupos así constituidos tenían de sí mismos y de los demás.

También se da una cuestión interesante cuando en oposición a la identidad de muchos barrios de la zona norte algunos de los miembros rechazan la idea del identificarse con el petróleo, o con la industria petrolera, como una fuente laboral. Es así que al ser consultados prefieren al turismo como una forma de obtención de recursos.

En el texto “Estrategias de elaboración de la identidad” de Dolores Juliano, la autora señala como un problema conceptual confundir “identidad personal” con “identidad étnica”. Afirma que ambos procesos responden a lógicas diferentes. Lo personal tiene la función de un rótulo no descriptivo que no implica, ni niega, la existencia de “otros” iguales o distintos. Lo étnico en cambio es fruto de un proceso de clasificación, que incorpora elementos descriptivos y en un criterio de exclusión.

A través de manifestaciones y aprovechar una serie de oportunidades que se le presentaron, este grupo de vecinos de la ciudad, lograron conformar una de las primeras cooperativas que reúne a pescadores y maricultores en el país. Además, comenzaron a delinear una serie de políticas, aprovechando planes municipales como el Presupuesto Participativo y Agenda XXI, que intervienen en la calidad de vida de todos los habitantes de Caleta.

Bibliografía

  • TAMAGNO, Liliana. “La Construcción Social de la Identidad Étnica”.
  • RECONDO, Gregorio. “Identidad, Integración y Creación Cultural en América Latina”. UNESCO, Bs. As. 1997.
  • JULIANO, Dolores. “Estrategias de Elaboración de la Identidad”. III Congreso Argentino de Antropología Social, Rosario, 1990.
  • GUBER, Rosana. “Identidad Social Villera”.
  • MUÑOZ, María Antonia. “La Difícil Construcción de una Identidad Colectiva: ‘Los Piqueteros’”.
  • CISELLI, Graciela. Fichas de Cátedra Antropología Cultural, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Año 2000.

[1] Diario El Patagónico, edición del 26 de Diciembre de 2008.

[2] Entrevista de elaboración propia para el Proyecto de Práctica Final “La web 2.0 como herramienta comunicacional de organizaciones de la sociedad civil de Comodoro Rivadavia”.

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