La Industria (1914 – 1945), Resumen
Al comenzar la Primera Guerra Mundial la Argentina se encontraba entre las naciones con mayores expectativas de crecimiento, basado en exportaciones de materias primas. En este capítulo se analizará la evolución de la industria en el periodo que va desde 1914 a 1945. El trabajo se estructura en torno a cuatro etapas que se caracterizan por ciertas tendencias que pueden otorgarle algún grado de homogeneidad: 1º el periodo influido por la Primera Guerra Mundial; 2º la década de 1920; 3º los años que siguen a la gran depresión de 1930, y 4º el periodo correspondiente a la Segunda Guerra.
LOS PROBLEMAS DE LA GUERRA (1913 – 1920)
Desde mediados de la década de 1870 hasta 1913, la industria creció. Convivían unos pocos establecimientos que producían en serie junto con un buen número de talleres que se basaban en el trabajo a pedido. A partir de la crisis de 1890 y los efectos sustitutivos que generó, la metalurgia comenzó a desarrollarse en la manufactura de los artículos más básicos, mientras la rama textil lo hizo en las confecciones. A principios del siglo XX, la alimentación volvió a ganar un lugar de importancia en la actividad manufacturera.
El primer periodo de estancamiento en la evolución manufacturera se produjo a partir de un shock externo provocado por dos circunstancias que afectaron negativamente a la naciente actividad: una crisis económica internacional, iniciada en 1913, y la Primera Guerra Mundial. El impacto de la Primera Guerra sobre la industria argentina ha venido despertando desde tiempo mayor atención.
Una vieja visión veía que el cierre de la economía y la protección forzada era un impulso favorable al desarrollo de la industria nacional. Si bien teóricamente esta circunstancia podría generar un proceso sustitutivo, el grado de dependencia de la mayor parte de las ramas de la manufactura local respecto de la materia prima y los insumos extranjeros produjo el efecto contrario: un estrangulamiento en la producción y la comercialización de los bienes. Sólo aquellas industrias en las que existía capacidad productiva suficiente (por compra de maquinaria en los años anteriores) y que utilizaban materia prima nacional pudieron beneficiarse de la guerra. Éste fue el caso de la industria textil lanera.
Pero los casos de éxito fueron excepcionales. La caída en los niveles de consumo ayudaron profundizar el estancamiento industrial. Muchas de las fuerzas que habían operado favorablemente en la etapa previa para incentivar el desarrollo manufacturero se revirtieron a partir de 1913; el saldo inmigratorio fue negativo durante la guerra y el flujo de capitales se redujo. Por otro lado, los sectores que generaban efectos multiplicadores sobre la producción industrial, en particular el de la construcción, perdieron dinamismo por la atmósfera recesiva de la economía en su conjunto.
Los problemas generados por la guerra pueden ilustrarse con ejemplos provenientes de las propias empresas industriales. Para enfrentar la penuria de insumos era la sustitución de bienes intermedios.
LA DÉCADA DEL VEINTE
La década de 1920 ha sido considerada un momento de recuperación de los años dorados de principios de siglo o de estancamiento relativo. Aun considerando que las tasas de la década de 1920 fueron más bajas que las de principios del siglo XX, es posible que este último período corresponda a una fuerte etapa de acumulación, mientras que los años veinte se asocien a una de distribución. Este fenómeno coincidiría con el aumento de la altura de la población, que habría ayudado, junto con la renovación de la ola de la inmigratoria, a una explosión en el consumo.
En cuanto al efecto del tipo de cambio y de la tarifa aduanera, ambos actuaron en períodos diferentes para favorecer el crecimiento industrial. La inflación internacional había llevado a que los valores de aforo fueran cada vez más bajos en comparación con el verdadero valor de los productos en el mercado mundial. Esto implicaba una caída en la producción de la industria nacional. Hasta 1922, la depreciación del peso ayudó a la manifactura local a competir con los productos importados. Cuando el peso comenzó a revalorizarse, las presiones para calcular nuevos valores de aforo, junto con un aumento en los derechos de importación, se incrementaron.
El balance de la década muestra que la industria no estuvo ni demasiado protegida no desprotegida en ningún momento. El incentivo que siempre estuvo presente, fue el aumento del consumo interno. Las empresas transformaron sus estrategias comercializadoras.
En los años veinte se produjeron cambios cualitativos que anunciaban una nueva etapa industrializadora. Entre estos cambios se encontraba el perfil de la producción manufacturera por una industria liviana en la que se producía un paulatino retroceso (e cuanto a participación relativa) de la producción alimenticia y un paralelo avance de las ramas textiles y metalúrgica.
La modernización producida en actividades ya iniciadas estuvo liderada por el capital local. En los años veinte, las empresas industriales modernas comenzaron a producir nuevos bienes. Uno de los resultados fue la formación de sociedades anónimas. En este período la industria retomó la tendencia a la concentración de capital.
El volumen físico de la producción metalúrgica se multiplicó por cuatro en esos años. La industria textil, mientras tanto, experimentaba cambios más cualitativos que cuantitativos. Estas transformaciones se relacionaban con otro cambio en la industrialización argentina: la producción local de materias primas como el algodón y la seda. Se produjo una mayor diversificación productiva y se observó una tendencia a la integración para suministrar insumos. Esta respuesta podía ser atribuida a la experiencia acumulada por una industria fuertemente dependiente de productos importados durante la guerra, que mostró las dificultades que podían presentarse con un cambio de escenario de la economía internacional y la interrupción del intercambio.
Otra razón que llevó a las industrias a diversificar su producción fue la saturación de la demanda de los bienes que fabricaban. Se produjo, paralelamente, una diversificación de mercados.
Mientras tanto, se ocasionó un fenómeno novedoso: la llegada de capital extranjero – principalmente de EE.UU. – liderando la instalación de fábricas en sectores en los que la industria local no había incursionado. Lo hicieron en las nuevas ramas dinámicas de la economía argentina como el cemento, el petróleo, la industria farmacéutica, química, de metales, de artefactos eléctricos, de caucho y las armadoras de autos.
Algunas de las nuevas actividades mostraron un crecimiento espectacular. Uno de los casos fue la industria cementera. Otras de estas actividades fue el procesamiento de petróleo.
Pero no sólo la actividad privada mostró signos de dinamismo en nuevos emprendimientos. Buna parte de la actividad petrolera se basaba en la expansión de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales.
En la década del veinte se produjo un cambio tecnológico y organizativo. Una de las características de estos años fue el equipamiento logrado a partir del aumente de la importación de maquinaria industrial. El aumento del salario real, que en su época señaló Alejandro Bunger, haya impulsado esta estrategia de mercantilización, que tendía a ahorrar mano de obra.
A principios de los veinte comenzaron a discutirse los límites del modelo de expansión basado en la producción agropecuaria y a elaborarse propuestas que contemplan un mayor desarrollo del sector manufacturero.
Texto de María Inés Barbero y Fernando Rocchi









muy bueno!