“De la vigilancia al control para mayor libertad”

Las sociedades disciplinarias, o de vigilancia, fueron situadas por Michel Foucul en los siglos XVIII y XIX. En estas sociedades el individuo pasaba de un espacio de encierro a otro (la familia, la escuela, etc.) cada uno con sus reglas. En los espacios el sujeto empezaba desde cero. Los encierros eran moldes. Módulos distintos en donde las personas se “formaban”. Este tipo de sociedad fue reemplazado por las de control. Con esta nueva forma de regular a los miembros de la sociedad cambiaron los modos de hacerlo. Se pasó a un control que no terminaba en un espacio de encierro sino que continúa durante la vida[1]. Deleuze da un ejemplo de ello, menciona la formación permanente. El filósofo francés dice: “la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye un medio más seguro para librar la escuela a la empresa.” (Deleuze: 103). Por lo que se podría decir que si en las primeras sociedades se estaba empezando de nuevo, cada tanto, a medida que se cambia de espacio; en las segundas, en cambio, parece que nunca se llega a terminarse algo.

Michel Foucault

Michel Foucault

El tipo de estrategias que se utiliza esconde un fin delimitado: el control de lo miembros de la sociedad. Y este control es posible con el ejercicio del poder. Foucault indica que la concepción jurídica del poder: “Tú no debes” es insuficiente, formal, y cita al Capital, cuando dice que en el fondo no existe un poder, sino varios poderes, definidos como formas de dominación, de sujeción que operan localmente. Se trata de formas locales, regionales de poder, que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y táctica.[2] El autor francés señala algunos de los inconvenientes que hicieron que el viejo sistema mutara en el de las sociedades de control. Foucault marca dos obstáculos: El primero es que el poder político como se ejercía en el campo social era un poder muy discontinúo. Se necesitaba un poder continuo e individualizante en el que cada sujeto pudiera ser controlado hasta en su propio cuerpo. El segundo es que, este poder era oneroso, porque la función del poder era recaudar, y al hacerlo se convertía en predatorio. Por lo que, era una necesidad encontrar un mecanismo de poder que controlase a las personas y las cosas sin que fuese oneroso ni predatorio, y que se ejerciera en el mismo sentido del proceso económico (Foucault, 1976).

Con todo ello, resulta indisociable el sentido del proceso económico y la forma en la que debe ejercerse el control de los miembros del grupo social. Existen dos direcciones de tecnologías políticas. La primera es llamada por Foucault como tecnología política disciplinaria, en la cual el mecanismo de poder alcanza a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues por los cuales se toca los propios átomos sociales: los individuos. Técnica de individualización del poder, que enfoca a los sujetos hasta sus cuerpos. Se trata de una anatomía política (anatomo-política), que hace blanco en los individuos hasta atomizarlos. La disciplina estaría pensada para modelar cuerpos o seres, diría Foucault. A su vez, el sistema económico en este periodo era un capitalismo rústico, de producción.

La segunda tecnología política, que aparece más tarde, pone el blanco en lo contrario: en la población. Esta tecnología descubrió que esa cosa capital de que el poder no se ejerce simplemente sobre los individuos entendidos como sujetos-súbditos. Se descubre que aquello sobre lo que se ejerce control es la población. No entendido como un grupo humano numeroso sino como un grupo de seres vivos que son atravesados por leyes biológicas (bio-política) [3]. En este periodo el sistema capitalista opera principalmente sobre el tercer sector, la venta de servicios.

En las sociedades disciplinarias lo que está encerrado es el afuera. No se limita a reprimir sino que conforma cuerpos. El método es agresivo y poco efectivo. Encerrar el afuera, lo virtual, significa neutralizar la potencia de invención y codificar la repetición para quitarle la potencia de variación, para reducirla a una simple reproducción (Lazzarato, 2006). El método disciplinario ha fracasado, porque no lograba contener las diferencias, y se produce un cambio radical de las formas de organización del poder y del ejercicio. Ya no se disciplina sino que se controla, se modula, se regula para que el propio individuo se discipline. Las instituciones como la opinión pública o la inteligencia colectiva reemplazan a los espacios de encierros. Sólo que ellas son abiertas y pueden trabajar a distancia[4].

La aparente libertad que hace sentir a los miembros de la sociedad autónomos a la hora de decidir su conducta, es una forma menos sofocante de mantener un control más efectivo y menos invasivo. Garantiza la regulación constante, aun sin la presencia de nadie más que el sujeto mismo.

Max Horkheimer

Max Horkheimer

Sandoval dice que en los últimos años de su vida Horkheimer afirmó que “al final, si alguna catástrofe no destruye la vida por completo, habrá una sociedad totalmente administrada” (Horkheimer, 1986, p. 65).[5] Y continúa citando a Schmucler: “La industria cultural significaba la eliminación de cualquier forma de autonomía de la creación humana. La industria de lo humano, que encuentra en la manipulación genética su expresión más destacada, va más lejos: admite la posibilidad de concluir con la libre apertura al mundo como rasgo indelegable de los seres humanos. Si la cultura no resiste su transformación en puro objeto productivo, la humanidad misma se desvanece cuando se postula la posibilidad de predeterminar el comportamiento de los hombres (Schmucler, 2001, p. 10).[6] Los llamados apocalípticos plasmaron en su libro, Dialéctica del Iluminismo, algunas reflexiones sobre el dominio de la naturaleza y la sujeción de toda manifestación de autonomía que pudiera implicar una amenaza a su seguridad. El espíritu se ha transformado en el aparato a dominar. Son las concretas condiciones del trabajo en la sociedad las que producen el conformismo y no los impulsos concientes por estupidizar, desviándolos de la verdad. Y es que todo progreso de la civilización ha renovado junto con el dominio la perspectiva de mitigarlo. La libertad que tienen ahora los hombres hace que tengan ahora lo que quieren y reclamen obstinadamente la ideología mediante la cual se las esclaviza.


[1] Deleuze Pilles. Postdata de las sociedades sin control.
[2] Foucault Michel. Las redes del Poder. Editorial Almagesto. Colección Mínima.
[3] Foucault. Pág. 19.
[4] Lazzarato. Pág 92 y 93.
[5] En Más allá de la conquista de la cultura. La colonización de la vida. Pág. 7.
[6] Ídem.

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