Hace poco más de diez días, la ciudad de Comodoro Rivadavia se vio afectada por un asesitano ocurrido en el centro. Como lo indicaron algunos comunicadores, al haber transcurrido en la calle más transita el hecho obtuvo una visibilidad distintas a crimenes similiares ocurridos en los suburbios.
La violencia se apodera de nuestra mente y la tiene de rehén. Pero eso no significa que en los barrios haya más violencia que en el centro. Quizás en los barrios el contraste sea acentuado, materializado, sin embargo no existe sólo allí. En una misma calle pueden convivir familias con distinos niveles socio-económicos, educacionales, culturales. Aun así existen desigualdades que son obsenas. Gente que come, y gente que no. Personas que tienen y personas que desean. Esas desigualdades engendran resentimiento, rechazo, autoexclusión, bronca. Terreno fertil para la agresión. Sumado a la poca capacidad que existe para decir las cosas, para comunicar. Nuestra sociedad es incapás poder conversar. Solamente ordena. ¿Qué nos está pasando para pensar en solucionar nuestros problemas así: de forma violenta?

Juan Manuel
jmaoy@hotmail.com

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